domingo, 11 de diciembre de 2016

Sanar la piel escribiendo

Amo escribir porque cuando escribo no tengo que disculparme por sentir con tanta intensidad, ni disimular mis lágrimas, mi locura o mis carcajadas. Porque puedo librarme de la calma, el temple y el buen juicio...y hacer ruido, escandalo, estrépito, caer y estrellarme en mil pedazos y rugir tan fuerte como sea necesario y amar con todos los colores y sabores que yo quiera; pintar el cielo de un rojo carmesí y el mar con un dorado sin tregua, entregarme a la noche y dejar que la tinta que llevo en las venas salpique todo y a todos los que están a mi alrededor. Nada mas delicioso que escribir y huir de la coherencia y de las buenas costumbres, de la prudencia y el recato... como soltar mi cabello para que el viento me lo arrebate y olvidar que el mundo no es como uno quisiera...escribir porque mis demonios necesitan contar historias, para no volverse locos y atentar un homicidio...por eso los dejo contar cuentos de asesinatos y brujas y amantes. Escribir para evitar la soledad del silencio y acomodarnos el alma en compañía de las palabras, escribo para no estar sola, escribo para que mis gritos no ofendan a nadie para dejar vivir en paz a mi locura, para no necesitarte.